Maldito terremoto y bendita réplica
Casas en el suelo, pueblos inundados, edificios destruido y -lejos lo peor-, víctimas fatales, son la constancia de uno de los movimientos telúricos que más afectó a nuestro Chile querido. Será tarea de muchos levantar escombros, pero será tarea exclusiva de los emprendedores el levantar los sueños y las esperanzas. Como sea… ¿Aprendimos alguna lección de todo esto?
Casas en el suelo, pueblos inundados, edificios destruido y -lejos lo peor-, víctimas fatales, son la constancia de uno de los movimientos telúricos que más afectó a nuestro Chile querido. Será tarea de muchos levantar escombros, pero será tarea exclusiva de los emprendedores el levantar los sueños y las esperanzas.
Después del sábado 27 de febrero, la farándula, los goles repetidos cien veces, el tremendo drama de una estrella de televisión que es demandada por otra por una nimiedad, y todo lo que antes era noticia, ahora son números.
Tanta estadística, tanto porcentaje, tanto número que busca explicar los vaivenes de la economía, tanta gente que hace más difícil lo que a veces es tan fácil. Esas personas apegadas a los números podrán decir que este fue el primer terremoto del tricentenario, que ha sido el más fuerte del nuevo milenio y que es el quinto más intenso de la historia del mundo.
Y así los medios dejaron lo que hasta entonces pensamos que eran noticias y ahora se concentraron en el desastre. Si la moda de invierno era transmitir con el agua hasta el cuello para explicar los daños de algún temporal, el periodismo ahora se adentró en el drama de la gente, en el que lo perdió todo, en el caos ante la falta de agua y luz, en la especulación de la gente que motivó saqueos para abastecerse.
No hay crítica respecto a mostrar esa realidad, pues es muy cierto que sin esas imágenes uno podría no dimensionar el real daño causado en el centro y sur del país. Pero también es cierto -tanto o más que lo anterior-, que el drama vende. Y vaya que vende, pero cuando se trata de temas sociales, medioambientales o de emprendimiento, el rating es cero.
Hoy todos somos solidarios: las empresas con sus clientes, los afectados con los más afectados, los que no tuvieron daños mayores con los damnificados, los de gobierno con los de oposición, todos con el resto y viceversa… Un desastre hace que seamos uno solo. Sin desastre y sin Teletón, son muy pocos los que viven anónimamente siendo solidarios.
¿Dónde lleva todo esto? A cuestionarnos si tras el terremoto vivimos la réplica en nuestras conciencias. Si la adoración por el dinero hoy pierde sentido. Si los extremos logran templanza en nuestro modo de ver la vida. Si cada minuto que pasa nos envejece o nos da experiencia.
Estoy consternado por todo lo que pasó, pero me aterra que los cimientos más débiles de esta sociedad no cambien. Que estemos dispuestos a que arreglen la estructura dañada y volver a habitar allí como si nada, en vez de demoler y volver a levantar nuestros sueños, las esperanzas y el más noble de los emprendimientos: nuestro propio proyecto de vida.
Espero que la réplica en nuestras conciencias llegue y ojalá sea aún más fuerte que el propio terremoto.


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